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Currículum.

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Buenos Aires, Argentina
Soy una niña que cree en los cuentos de hadas, en los príncipes y en las princesas, en la magia, en que los héroes siempre triunfan y los villanos nunca tienen un final feliz. Soy una adolescente que cree en el amor como el de los poemas o las películas, en aquella amistad real y duradera, en que todo el mundo merece la libertad de expresión. Soy una mujer que cree en el "hasta que la muerte los separe", en el cambio, en la ley de atracción y en la positividad, en el feminismo.

viernes, 27 de febrero de 2015

Monstruo


Golpeo las pequeñas teclas negras despacio y torpemente, casi como sin saber qué palabras utilizar, casi como si no tuviera idea qué decir, qué escribir, qué expresar. Tras algunas líneas... el brillo que había germinado de manera envolvente en mis ojos crece y crece cada vez más, para experimentar una compleja metamorfosis y convertirse en un redondel gordo y húmedo, frío y salado... que rodará por mi mejilla o el contorno de mi rostro, hasta derrapar en algún lugar inesperado e incierto. Y no lo soporto... no, de hecho, lo repudio; porque mi imaginación es mucho más grande que mi realidad, y mi mal genio es tan enorme que pisotea tanto a mis sueños y metas, que llego a creerlos inexistentes... o mejor dicho, inalcanzables. Inalcanzables como estrellas lejanas, como constelaciones desconocidas, o como nubes que parecen estar cercanas a mis pómulos pero que aunque me ponga en un puntillas de pie y estire mis dedos para aunque sea rozarlas, no llego. No llego... no llego como ese micro que a las nueve y media de la noche me enteré que no iba a pasar, que por más que estaba convencida y entusiasmada con la idea de irme a casa... no, no ocurrió. Y siento que eso es lo que va a suceder: miles de ideas e ilusiones hechos añicos, en el suelo. Una estúpida mancha más en mi vida que no fui lo suficientemente fuerte de esquivar, de limpiar, de evitar. Por aferrarme a mi pasado, por olvidar la magia y los encantamientos, por no confiar en el cambio y preferir lo fácil... antes que admitir que, de hecho, el problema existe aunque lo niegue. No soporto a el enorme monstruo que atemoriza a esta niña, que destruye todo en mi paso, que ahuyenta a cada persona que intenta, con un poco de alcohol y un algodón suave como una caricia de la abuela, sanar mi dolor y mis cicatrices que con el tiempo, en vez de cerrar, se abren y aumentan cada día un milímetro más. Y arden, arden cada vez más... arden en el pecho, en los brazos, en el cuello, en la garganta, en la mente. Siento que me quitan la voz, que me arrebatan todo lo bueno, que me es imposible ver mi futuro como algo positivo o siquiera algo que tengo ansias de que exista.

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